Como Merlis González, conocida cariñosamente como “La Beba”, fue identificada la mujer asesinada la tarde del domingo 4 de enero de 2026 en el corregimiento de Carraipía, jurisdicción del municipio de Maicao. El crimen ha generado consternación entre habitantes de este pequeño poblado, que volvió a ser escenario de violencia armada.
La víctima, perteneciente a la etnia wayuu, había cumplido 25 años un día antes de su asesinato. Cabe recordar, que en el mismo hecho resultó herido su compañero sentimental, quien fue identificado como Johendry Apalmo, y actualmente recibe atención médica en un centro asistencial de la ciudad fronteriza. De acuerdo con información conocida, su estado de salud es estable, y sus familiares y allegados elevan plegarias al Todopoderoso por su pronta recuperación.
Con el homicidio de Merlis González, ya son dos las mujeres asesinadas en Carraipía en menos de 60 días, una situación que enciende las alarmas en esta comunidad. El caso anterior corresponde a Yacira Fernández Cambar, de 58 años, también integrante del pueblo wayuu, quien perdió la vida en hechos violentos ocurridos igualmente en el casco urbano del corregimiento.
Ambos crímenes se registraron en sectores céntricos del poblado, lo que ha incrementado la sensación de miedo e inseguridad entre los habitantes, quienes aseguran sentirse desprotegidos ante la falta de presencia permanente de la fuerza pública.
Es de resaltar, que la comunidad de Carraipía viene exigiendo desde hace tiempo la instalación de un Centro de Atención Inmediata (CAI) o, al menos, un esquema de policías permanentes, que permita prevenir hechos de sangre y garantizar la tranquilidad de una población que, en otrora, fue considerada un remanso de paz.
Con esta nueva muerte violenta por arma de fuego, Maicao se convierte en el primer municipio del departamento en registrar homicidios de este tipo en lo que va del año. No obstante, este caso podría no ingresar a las estadísticas oficiales, debido a que, por usos y costumbres del pueblo wayuu, el cuerpo de la joven fue levantado y sepultado de manera inmediata por sus familiares.
Esta situación vuelve a poner en entredicho la respuesta de las autoridades administrativas, a quienes la comunidad señala por no adoptar medidas contundentes que mitiguen la creciente inseguridad en el corregimiento. Para los habitantes, no bastan los anuncios ni los pronunciamientos posteriores a las tragedias; exigen acciones preventivas, antes de que nuevas vidas se sigan perdiendo.

