Un reciente estudio académico pone en evidencia una realidad que muchas veces permanece en silencio dentro del mundo laboral: la discriminación y exclusión que enfrentan las personas que viven con enfermedades crónicas. La investigación, titulada “Impacto del rechazo en personas con enfermedades crónicas: un estudio de las voces no escuchadas”.
El estudio fue elaborado por Daniela Andrea Cuesta Larrada, trabajadora social de la universidad de La Guajira, con diplomados en neuropsicología, resolución de conflictos y gerencia universitaria.
El trabajo analiza testimonios y evidencia científica sobre personas que, además de convivir con enfermedades de largo plazo, deben enfrentar estigmatización, dificultades para conseguir empleo o incluso despidos dentro de sus espacios laborales. Según la autora, estas situaciones no solo afectan la estabilidad económica de los trabajadores, sino que también generan impactos significativos en su salud física, mental y emocional.
La investigación cobra especial relevancia luego de que recientemente se conmemorara una fecha dedicada a sensibilizar a la sociedad sobre las enfermedades crónicas, condiciones que afectan a millones de personas en el mundo y que en muchos casos permanecen invisibles para la mayoría de la población.
Enfermedad crónica y exclusión laboral
En su análisis, Cuesta Larrada señala que muchas personas con enfermedades crónicas enfrentan una doble carga: por un lado, deben lidiar con su condición de salud y, por otro, con el temor constante a ser rechazadas o discriminadas en el ámbito laboral.
Diversos estudios citados en la investigación muestran que las personas que perciben discriminación social presentan mayor probabilidad de desarrollar problemas de salud mental como estrés, ansiedad, depresión y dificultades para adaptarse a su entorno. Incluso, la exposición prolongada al estrés generado por experiencias discriminatorias puede provocar problemas físicos como hipertensión arterial o trastornos digestivos.
Asimismo, la investigación destaca que el impacto del rechazo no se limita al plano emocional. La precariedad económica derivada de la discriminación laboral también se convierte en un factor que afecta la salud, pues limita el acceso a tratamientos médicos, medicamentos y condiciones de vida adecuadas.
Testimonios que revelan la realidad
Uno de los aportes más importantes del estudio es la recopilación de testimonios de personas que han vivido directamente estas experiencias. En uno de los relatos, una trabajadora describe cómo, tras una cirugía que requirió un periodo de recuperación, escuchó de parte de sus empleadores una frase que marcó su experiencia laboral: “Usted nos sale muy caro”.
Otro testimonio incluido en la investigación describe las dificultades que enfrentan quienes padecen enfermedades consideradas “invisibles”, como la anemia de células falciformes. En estos casos, las personas deben explicar constantemente su condición porque a simple vista parecen estar saludables, lo que genera incomprensión en los entornos laborales.
Estos relatos, según la autora, reflejan cómo la falta de información y empatía en muchos espacios de trabajo contribuye a reforzar estigmas y barreras para quienes viven con enfermedades crónicas.
Derechos laborales y desafíos pendientes
El estudio también hace referencia al marco legal colombiano que protege a los trabajadores con condiciones de salud vulnerables. En particular, menciona la Sentencia T-664 de 2017 de la Corte Constitucional, que establece la figura de estabilidad laboral reforzada, mediante la cual se protege a los trabajadores que presentan condiciones de salud que podrían generar discriminación.
Sin embargo, Cuesta Larrada advierte que la existencia de normas no siempre garantiza que desaparezcan las prácticas excluyentes. Muchas veces la discriminación se presenta de manera indirecta, especialmente durante procesos de contratación o en decisiones internas dentro de las empresas.
La investigación concluye que es necesario avanzar hacia entornos laborales más inclusivos, donde las enfermedades crónicas no sean vistas como una limitación, sino como parte de la diversidad humana. Escuchar las voces de quienes viven estas experiencias, afirma la autora, es un paso fundamental para promover sociedades más justas, solidarias y respetuosas de la dignidad humana.

