Siete homicidios en un solo día, registrados en Riohacha y cinco municipios de La Guajira, aumentan la percepción de inseguridad entre los guajiros, mientras crece la exigencia de respuestas y medidas efectivas por parte del Gobierno departamental y las autoridades municipales.
No importa cuáles hayan sido los motivos de los asesinatos ni las circunstancias personales de quienes perdieron la vida. Lo que hoy preocupa a los guajiros es la facilidad con la que la violencia aparece en cualquier lugar, a cualquier hora, y termina arrebatando vidas. El viernes 16 de octubre dejó siete hombres muertos, otro herido y una percepción de inseguridad que exige respuestas de las autoridades.
Los ataques ocurrieron en Riohacha, Villanueva, San Juan del Cesar, Hatonuevo, Uribia y Albania. Seis poblaciones golpeadas por las armas de fuego durante un mismo día. Algunas víctimas fueron sorprendidas mientras trabajaban, otras permanecían en sus viviendas y una intentó escapar de sus agresores, pero terminó asesinada dentro de un gimnasio.
Detrás de cada caso habrá una investigación que deberá determinar responsabilidades y móviles. Sin embargo, independientemente de lo que establezca la justicia, ninguna explicación sobre las circunstancias de las víctimas debería restarle importancia a la gravedad de lo sucedido. La preocupación ciudadana es legítima: cualquiera puede sentir temor cuando los disparos se escuchan en espacios donde transcurre la vida cotidiana.
¿Dónde están las declaraciones pública y oficial de las autoridades civiles y militares?
¿Será que lo ocurrido NO merece un pronunciamiento del gobernador Jairo Aguilar Deluque y de los alcaldes de los municipios afectados?. No se trata de exigirles resultados judiciales inmediatos, sino de conocer qué decisiones administrativas y de coordinación están adoptando para responder a esta sucesión de hechos violentos.
Hasta este momento, no ha habido un balance específico del Gobierno departamental que explique las medidas previstas después de los siete homicidios. Ese vacío informativo resulta preocupante, especialmente cuando los ciudadanos necesitan escuchar a su máximo mandatario y conocer qué acciones está desarrollando para protegerlos.
Los guajiros no esperan que un comunicado que podría generar confianza y tranquilidad a una población temerosa de los hechos de sangre que están sucediendo resuelva la inseguridad, pero si esperan que quienes tienen responsabilidades de gobierno salgan a explicar la situación, reconozcan la preocupación ciudadana y den un parte de tranquilidad. El silencio público, cuando se acumulan noticias de asesinatos, puede alimentar la incertidumbre y la desconfianza.
La seguridad también se construye dando la cara
Hace un mes, durante un consejo de seguridad realizado en Riohacha, el Gobierno nacional anunció acciones para aumentar la presencia y capacidad operativa de la Fuerza Pública en La Guajira. Después de lo ocurrido este viernes, corresponde preguntar qué avances han tenido esas medidas y qué decisiones adicionales se consideran necesarias.
La investigación de los homicidios está en manos de las autoridades judiciales, pero la prevención de la violencia requiere coordinación entre la Gobernación, las alcaldías y los organismos de seguridad. Los ciudadanos merecen conocer esa coordinación, especialmente cuando seis poblaciones registran ataques armados en una misma fecha.
La tranquilidad no puede quedarse en los discursos
La Guajira amaneció este sábado con siete familias de luto y muchas otras preocupadas por lo que pueda ocurrir. Sería equivocado reducir ese balance a una estadística o esperar que la indignación desaparezca con el paso de los días.
Gobernar también significa dar la cara en los momentos difíciles, explicar las decisiones y responder a las inquietudes ciudadanas. Después de siete asesinatos en un día, los guajiros tienen derecho a conocer qué están haciendo sus gobernantes para evitar que hechos semejantes se repitan.
Porque, independientemente de quiénes fueron las víctimas o por qué las atacaron, el problema que hoy enfrenta La Guajira es que sus habitantes necesitan recuperar la tranquilidad de vivir sin miedo.

